El Arzobispo presenta en tres escritos pastorales el próximo Sínodo de los Jóvenes

Don Vicente, Arzobispo de Zaragoza, ha dedicado tres cartas pastorales en “Iglesia en Aragón” de los tres primeros domingos del mes de julio de 2017 para contribuir a la preparación de este importante acontecimiento eclesial del Sínodo de los Obispos dedicado a los jóvenes que tendrá lugar en 2018.

Sínodo I – Los jóvenes en el mundo de hoy

Queridos diocesanos,

El Papa Francisco ha convocado un Sínodo de los Obispos, que se celebrará en Roma en octubre del año 2018. El lema es: Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional. El Papa Francisco quiere que los jóvenes ocupen el centro de la atención, porque los lleva en el corazón.

Con este motivo la Santa Sede ha publicado un documento preparatorio con temas y cuestionarios, para implicar a los jóvenes en el proceso del Sínodo. Nuestra Delegación Episcopal de Pastoral Juvenil (PJ) ha elaborado unos materiales con la síntesis del Documento Preparatorio y unos Cuestionarios para ser trabajados en la Diócesis, parroquias, movimientos, institutos religiosos y grupos juveniles. Le doy las gracias a su Delegado, D. José Benito Gallego y a su equipo de colaboradores. En estas cartas pastorales tendré en cuenta estos materiales. 

Un mundo que cambia rápidamente.-

Los cambios rápidos y profundos repercuten en una incertidumbre e inciden en la vulnerabilidad que provoca malestar en las personas, especialmente en los jóvenes que deben adaptarse a los cambios. Esta inseguridad se agrava en grandes sectores de la sociedad que sufren los problemas económicos, dificultad para encontrar trabajo, experiencias de explotación y el aumento de los refugiados y migrantes. La coexistencia con otras tradiciones religiosas supone un desafío y una oportunidad para el diálogo siempre que no se caiga en la tentación del sincretismo y relativismo, que producen desorientación.

Las nuevas generaciones

Las rápidas transformaciones sociales y económicas influyen en cada nueva generación, en sus deseos, aspiraciones, necesidades y en el modo de relacionarse con los demás. Contrasta la tendencia a la homogeneidad de valores debido a la globalización con peculiaridades culturales locales. Dentro de este contexto señalamos algunos rasgos que identifican a los jóvenes actuales:

Pertenencia y participación. Los jóvenes no se perciben a sí mismos como destinatarios pasivos de planes pastorales, sino como parte activa en los procesos de cambio. Poder participar en acciones concretas es ocasión para el reconocimiento de su propia personalidad. Sin embrago, la falta de confianza en sí mismos puede llevarles a la pasividad y al conformismo con las modas del momento.

Puntos de referencias personales e institucionales. Los jóvenes sienten la necesidad de figuras de referencia cercanas, creíbles, coherentes y honestas; así como lugares y momentos para la relación con los demás. Por eso el papel de los padres y educadores sigue siendo crucial. Deben tener claro cómo ayudarles y tener capacidad para saber escuchar. También buscan referencias con otros jóvenes con los que se establece un diálogo abierto e informal. Se manifiestan con desconfianza ante las instituciones políticas, educativas y eclesiales. Las perciben como alejadas de ellos. Todo esto se desarrolla en un contexto donde la práctica religiosa cada es más minoritaria, viven en general al margen del Dios presentado por la Iglesia y se refugian en experiencias de interioridad o en sectas.

Hacia una generación (híper) conectada. Las relaciones virtuales que permiten las nuevas tecnologías ofrecen tanto posibilidades como riesgos, porque influyen en la concepción del mundo y de las relaciones personales.

Los jóvenes y las opciones

En esta situación, brevemente descrita, se hace más necesaria la propuesta de un itinerario claro para superar las dificultades y así poder realizar las elecciones de vida definitivas. Hay que buscar nuevos instrumentos para la toma de decisiones que den plenitud a la vida. El Papa Francisco se pregunta: “¿Cómo podemos despertar la grandeza y la valentía de elecciones de gran calado?”. Para ello es indispensable tener en cuenta la persona de Jesucristo y su Evangelio; la relación con él sigue fascinando a muchos jóvenes.

Sínodo II – Fe, discernimiento, vocación

Queridos diocesanos,

Uno de los objetivos del Sínodo de las Obispos sobre los jóvenes responde al deseo de la Iglesia de encontrar, acompañar y cuidar a todos los jóvenes, ayudándoles a descubrir su propia vocación que da plenitud a su vida. La Iglesia quiere estar cerca de los jóvenes, acompañándoles en este camino y orientándoles para que afronten sus debilidades y las dificultades de la vida.

Fe y vocación

La fe como don de la gracia de Dios exige acogerla y vivirla a través de elecciones de una vida coherente y concreta… Por eso la fe es, al mismo tiempo, don del amor de Dios y tarea como respuesta al saberse elegido y amado. La fe como llamada al amor ilumina todas las realidades sociales construyendo la fraternidad que Dios quiere. Para tomar conciencia de la vocación como proyecto de amor apasionado que Dios tiene sobre cada uno de los jóvenes es indispensable ponerse a la escucha del Espíritu por medio de la oración, la vivencia de los sacramentos y la escucha de la Palabra de Dios como encuentro de diálogo con Jesucristo que es el Camino, la Verdad y la Vida.

El don del discernimiento

El discernimiento vocacional es el proceso por el cual cada persona realiza, gracias al diálogo con el Señor y escuchando la voz del Espíritu, las elecciones fundamentales, empezando por el estado de vida (matrimonio, ministerio ordenado, vida consagrada). El Espíritu habla y actúa a través de los acontecimientos que requieren ser iluminados para recorrer las fases del discernimiento: reconocer, interpretar y elegir.

Reconocer. El reconocimiento se refiere, en primer lugar, a los efectos de los acontecimientos de mi vida, las personas, las personas que encuentro o las palabras que escucho. En esta fase la meditación de la Palabra reviste una gran importancia para reconocer lo que Dios quiere para cada uno.

Interpretar. No basta reconocer, es necesario “interpretarlo” para comprender a qué nos está llamando el Espíritu. Para esta fase se requiere paciencia, vigilancia y aprendizaje. Como ayuda necesaria para esta interpretación contamos con el diálogo interior con el Señor, la reflexión de la Palabra y la orientación que la Iglesia ofrece.

Elegir. Una vez reconocidos e interpretados los acontecimientos, el acto de decidir se convierte en ejercicio de auténtica libertad humana por encima de las propias pasiones y del relativismo contemporáneo. La elección vocacional, siendo una decisión personal y libre, está llamada a traducirse en acción y a madurar a lo largo del camino.

Caminos de vocación y misión

El discernimiento vocacional es un proceso que se desarrolla en el tiempo en el que el Señor se hace presente a través de momentos decisivos que hay que saber identificar. La vocación, que es personal, siempre se ordena a una misión que responde al proyecto de Dios en su vida familiar, en el ministerio ordenado o en la vida consagrada. El camino vocacional incluye disponibilidad para vivir la existencia en la lógica de la generosa entrega.

El acompañamiento

En la base del discernimiento podemos identificar tres convicciones: el Espíritu de Dios actúa en el corazón con proyectos, ideas, sentimientos y deseos; el corazón se verá atraído por diferentes reclamos, incluso opuestos; el camino impone decidir. Por eso es importante tener instrumentos para reconocer la llamada del Señor y poder elegir responder a ella.

El acompañamiento personal es un instrumento de vital importancia. Para poder acompañar es necesario tener experiencia propia en el discernimiento y con sensibilidad para reconocer la voz del Espíritu. Acompañar es facilitar la relación de la persona con el Señor; es dar a conocer a Jesucristo y preparar el terreno para el encuentro con Él. El guía espiritual se basa en la oración y en la petición del don del Espíritu Santo que guía e ilumina a todos y cada uno.

Sínodo III – La acción pastoral

Queridos diocesanos,

En esta tercera carta pastoral como preparación para el Sínodo de los Obispos sobre los jóvenes, me voy a fijar en la acción pastoral. Consiste en acompañar a los jóvenes tomando en serio el desafío del cuidado pastoral y del discernimiento vocacional, identificando los sujetos, los lugares y los instrumentos para este servicio.

Caminar con los jóvenes

Para poder acompañar a los jóvenes es necesario adecuarse a sus tiempos y a sus ritmos en la búsqueda más o menos consciente de un sentido para sus vidas. Este caminar con los jóvenes consiste en llevarles al encuentro con Jesucristo. Para lograr esta finalidad del encuentro con Jesucristo el Papa Francisco pide en Evangelii Gaudium “ser audaces y creativos en repensar los objetivos, el estilo y los métodos evangelizadores” (EG 33).

Tres verbos que nos pueden ayudar a estructurar un estilo pastoral: salir, ver y llamar. Salir es signo de libertad interior respecto a las actividades y a las preocupaciones habituales. Ver, es decir, disponibilidad para pasar tiempo con ellos, para escuchar sus historias, sus alegrías y esperanzas, sus tristezas y angustias. Llamar, es decir, la llamada a la vocación es siempre una novedad que se debe acoger, explorar y construir. Es ponerse en camino para encontrar la alegría del Evangelio.

Sujetos

Para la pastoral, los jóvenes son sujetos, no objetos. Todos tienen derecho a ser acompañados. Esta pastoral vocacional es responsabilidad de toda la comunidad cristiana: parroquias, congregaciones religiosas, movimientos y realidades eclesiales. Todas están llamadas a ofrecer a los jóvenes experiencias de crecimiento y de discernimiento realmente significativas.

Las figuras de referencia

Los jóvenes necesitan adultos dignos de confianza, creyentes con sólida pertenencia eclesial, cualidad espiritual, pasión educativa y capacidad de discernimiento. Para ello es necesario estar preparados y formados. Los padres siguen desempeñando su papel educativo insustituible. Los sacerdotes son decisivos a través de su testimonio de vocación, consagración y misión. Los profesores y educadores, que están comprometidos y dan testimonio en las universidades y escuelas, en el trabajo, en la política, en el voluntariado.

Lugares

La vida cotidiana y el compromiso social. La fe, cuanto más auténtica es, tanto más interpela a la vida cotidiana y se deja interpelar por ella: la utilización del tiempo y del dinero, el estilo de vida y de consumo, el estudio y el tiempo libre, el vestido y la comida, la vida afectiva y la sexualidad. La vida cotidiana es ocasión de encuentro con el Señor y con la Iglesia y de descubrimiento de la propia vocación.

Los ámbitos específicos de la pastoral

La Iglesia ofrece a los jóvenes lugares de encuentro y acogida abierta a todos y cada uno; así como una red integrada de propuestas: Jornadas Mundiales de la Juventud; las parroquias; las universidades y las escuelas católicas; el voluntariado y las actividades sociales; las asociaciones y movimientos eclesiales; casas de espiritualidad; los seminarios y las casas de formación.

El mundo digital

Se ha convertido para los jóvenes en un lugar de vida que ofrece muchas oportunidades, pero a la vez presenta riesgos.

Instrumentos

Los lenguajes de la pastoral. El lenguaje eclesial tiene que conectar con el de los jóvenes para llegar a un encuentro fecundo en el ámbito bíblico, litúrgico, artístico, catequético y mediático.

El cuidado educativo y los itinerarios de evangelización. En la acción pastoral con jóvenes es necesario poner en marcha procesos de crecimiento humano, así como itinerarios de acercamiento a la fe teniendo en cuenta las características personales de cada uno. Un proceso que lleve al encuentro con Jesucristo y con la comunidad cristiana a través tanto de las etapas de la iniciación cristiana como de experiencia de compromiso al servicio de la sociedad.

Silencio, contemplación y oración. No hay discernimiento sin la oración personal, donde se cultiva la amistad con Jesucristo y la meditación de la Palabra de Dios. En particular, la lectio divina es un método valioso que la Iglesia ofrece. Un objetivo fundamental de la pastoral juvenil vocacional es ofrecer ocasiones para saborear el valor del silencio y de la contemplación.

Con mi afecto y bendición,

+ Vicente Jiménez Zamora

2017-07-21T19:26:42+00:00

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