«Era un reto, una ilusión, el Señor supo el momento, cuando más lo necesitaba y se cumplió» afirma Loly Méndez, catequista y animadora de jóvenes en su parroquia.

Fue vivir algo impresionante dentro de mi vida que me ayudó a enriquecer mi Fe y alimentar mi Espíritu en cada momento y cada día allí vividos y compartidos. Sentí su presencia en medio de tantos jóvenes.

Comparto con ustedes estas líneas para hablarles de mi experiencia con los jóvenes de la Pastoral Juvenil de Zaragoza. Para mí, hacer el Camino era un reto y una ilusión que yo tenía, además de la promesa de poder dar las “gracias a Dios” con el tradicional abrazo al Apóstol Santiago por una gracia que le pedí y que más tarde que se me concedió hace ya muchísimos años, cuando visité Compostela por vez primera.

Y Así fue. Padre Dios lo quiso, supo cuál era el momento para mí, cuando más lo necesitaba personalmente y poniendo a mi alrededor a personas que te ayudan a saber, entender y vivir esa promesa y esa gratitud que en este Camino se estaba cumpliendo.

Aunque mi procedencia es la Parroquia de Teguise, en la isla de Lanzarote, la aventura de este verano comenzó en Zaragoza junto con los jóvenes de esta diócesis con quienes el año pasado compartimos la JMJ Cracovia 2016. En estos últimos años me dedico a trabajar, junto con un equipo de animadores y catequistas, en la pastoral con jóvenes en mi parroquia, sobre todo a acompañar a chicos y chicas que tras la etapa de “síntesis de fe” inician su proceso de formación cristiana desde los 15 hasta los 18 años, proceso que incluye la celebración de la Confirmación. Nuevamente y gracias a la PJ Zaragoza, pudimos aprovechar esta experiencia de la peregrinación juvenil a Fátima (Portugal) y poder andar el Camino de Santiago, que había organizado Acción Católica General.

Sin duda que han sido días de convivencia con mucha gente, muchos jóvenes, compartir con ellos y con algunos animadores, sacerdotes y religiosas, días donde poder gozar de todo lo hecho y organizado previamente. Un hecho importante ha sido la peregrinación al Santuario de Fátima, previa al Camino, para prepararnos espiritualmente con momentos de reflexión, celebraciones, oraciones, silencios, poder ganar el jubileo por los cien años de las Apariciones de la Virgen a los pastorcitos y compartir las inquietudes de los jóvenes a la hora de trabajar los cuestionarios del Sínodo de los Jóvenes de 2018. Después, la experiencia del Camino y todo lo organizado por la ACG para cada uno de los días que tuvo su colofón cuando aquel ejército de “camisetas amarillas” entramos en la Plaza de Obradoiro y contemplamos la imponente Catedral de Santiago, fin de nuestra meta. Todo esto supuso para mí vivir “un algo y sentir a Alguien de forma impresionante” dentro mi vida con tanto cariño, acogida, acompañamiento, rodeada de gente, llena de amistades, compartiendo los mismos sentimientos… me faltan palabras, ¡serían muchas más!

Estar con y entre los jóvenes. Compartir y caminar con ellos. Cansarte y reír conjuntamente. Orar y celebrar la misma Fe fue, en estos días de Fátima y del Camino, un enriquecer mi Fe y alimentar mi Espíritu, cada momento, cada día, preparada para seguir en este trabajo de la pastoral con jóvenes, que a veces es difícil, más nunca, creo, imposible. Las indicaciones de María que meditamos en Fátima, “haced lo que Él os diga (Jn 2,5), me animan a seguir en esta tarea para “salir, caminar y sembrar siempre de nuevo” parar ser Todos Uno en Cristo y descubrir que su Amor es amar, como tantas veces cantamos en el Camino con el himno de la ACG.

Físicamente hubo momentos muy duros, subidas, bajadas, ampollas, las ocho noches durmiendo en el suelo junto con miles de jóvenes, los ruidos sonoros de las noches…pero mis oraciones y súplicas a Dios hicieron que todo quedara en algo pasajero y también en algo tan divertido como anecdótico. Y al día siguiente lista para seguir con la misma ilusión y mucha alegría, para sentir su Presencia muy cerca desde el primer momento de la mañana hasta el descanso nocturno. Esto entra dentro del otro camino que también estás haciendo diariamente, no solo el físico sino el espiritual o camino interior.

Todo camino tiene un principio y un final, no importa donde lo comiences. En mi caso fue iniciarlo en Fátima y llegar hasta el final, Santiago de Compostela, con tantos jóvenes de las diócesis que participaron y la ACG. Aunque la tumba del Apóstol fue el final del camino físico, en la Vigilia de Oración del día 2 de agosto en la catedral compostelana descubrí y agradecí que aún no había completado mi “camino espiritual”. Este sigue… y ahora está repleto de vivencias que me han acompañado de vuelta a casa, a mi isla del fuego y parroquia, con mis hijos y familia, y segura de que Él, resucitado, me acompañará el resto de mi vida pues ¿no ardía mi corazón mientras iba de camino? (Lc 24, 32).

Loly Méndez Concepción

2017-08-29T11:50:53+00:00

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